El viernes 10 de mayo se celebró en Salesianos María Auxiliadora de Mérida el Pregón de María Auxiliadora, que inicia las actividades en honor de la Virgen de Don Bosco que se harán en el colegio y en la Parroquia de San Juan Bautista y María Auxiliadora.
Asistieron al acto don Jorge Campos, presidente de ADMA del colegio salesiano, doña Mari Carmen Pérez, presidenta de ADMA de la parroquia de san Juan Bautista y María Auxiliadora, la presidenta de ADMA joven doña Pilar Pozo, el director del Colegio Salesiano, don Ángel Pérez y el párroco de San Juan Bautista y María Auxiliadora, don Juan Antonio Delgado y la Concejal Delegada de Servicios Sociales, doña Catalina Frutos.
El pregón estuvo conducido por Pilar Sánchez, profesora y salesiana cooperadora.
Abrió el acto el presidente de ADMA del colegio, recordando que se conmemoraba el 150 aniversario de la fundación de ADMA, resaltando tres razones por las que fue fundada: la devoción a Jesús eucarístico, estar en medio del pueblo (de la gente sencilla) llevando el evangelio y la atención a los últimos.
Se dio paso al coro Ad Libitum, que amenizó el pregón con la música, que siempre ejecutan con delicadeza, belleza y cercanía.
Después de las voces del coro, don José María García presentó al pregonero con palabras de agradecimiento, cariño y amistad.
Y llegamos al momento del pregón. Don Juan Jesús Rubio comenzó hablando de la presencia de María en el sueño de los 9 años de Don Bosco, imaginando la complicidad con la que María le dijo la frase de «a su tiempo lo entenderás todo» al pequeño Juan, recordando su propia llamada y la oscuridad en la que la tuvo que vivir en muchas ocasiones, pues la carga que Dios pone a sus elegidos no es suave.
De esa complicidad en la llamada partió para mostrarnos la humanidad con la que María vivió la llamada de Dios, Ella mujer de fe, anduvo ese camino en la oscuridad, en la perplejidad, en peregrinaje hacia Dios. Sin tratar de entender a Dios, sino acogiéndolo, porque a Dios no se le entiende, se le acoge.
María, como Don Bosco, como muchos de nosotros, vivió la fe como una salida en pos de Dios, que cuando parece que se le ha alcanzado, se ha ido. Sufriendo interior y exteriormente la pregunta del salmista ¿dónde está tu Dios? que conduce a la inseguridad de si será verdad esto de la fe.
Una fe adulta nos libra de todo esto porque nos ayuda a ver a Dios en el silencio. Es la fe de una madre. Es la fe del hágase, del amén a todo el silencio de Dios, abandonándose en sus manos.
María se apoyaba en la Palabra de Dios. Cuando no entiende algo, se encierra con esa palabra y se pregunta cuál es la voluntad de Dios
A María, Dios le abrió la cortina del infinito y luego la cerró, dejándola en la vulgaridad de lo terreno.
María nos muestra que Dios nunca deja en paz, pero nos trae la Paz. Nos saca de nuestra comodidad para llevarnos a los últimos.
Concluyó afirmando que Dios nos necesita a cada uno. Del mismo modo que María le señaló a Juanito Bosco su misión entre los jóvenes, nos llama a nosotros a hacernos fuertes, humildes y robustos para trabajar con los jóvenes: ¿qué le vamos a responder?
Que María nos renueve por dentro para ser punta de lanza del Reino. Hoy se necesitan adultos que sientan que ser felices consiste en hacer felices a los que nos rodean.

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